sábado, 15 de noviembre de 2014

Crucé el charco... ¿y ahora qué?


La solidaridad en el aspecto social se entiende como la capacidad de entregarse a otros individuos pensando en estos como semejantes; es decir, poder compartir un hogar, alimentos, sentimientos, etc. con otro ser vivo sin pensar en su situación económica, tomando en cuenta también que los bienes no son solo lo material, sino también lo sentimental. WIKIPEDIA
Llegamos a Orlando un 22 de septiembre de 2014 a las 10:30 de la noche con muchas ilusiones de lograr el sueño americano, como muchos otros hispanos de diferentes países. Estados Unidos es para todos algo así como, la tierra prometida, ese lugar donde hay calidad de vida, seguridad, trabajo, justicia y paz...

Pero no es tan fácil como muchos imaginan...

Llegamos con una promesa de unos empresarios con negocios de parkings en Puerto Rico para crear una empresa en Orlando, Florida, le ofrecieron a mi esposo, ser el General Manager, su misión era buscar contratos de parkings con nueva tecnología que incluía administración, seguridad y mantenimiento.

No está de más decir que luego nos enteramos que estos empresarios no gozan de ser los más honestos, a pesar de que ellos pretenden proyectarse como poderosos, lo cierto es que están desprestigiados, pero como siempre, las ilusiones y la necesidad de salir de Puerto Rico lo más pronto posible porque en la isla “la cosa está muy mal”, nos llevó al mayor error que puede cometer un boricua, confíar en los demás, pensar que todo el mundo es bueno y está dispuesto a ser un buen samaritano.

Como mi esposo conocía a uno de los hermanos desde hacía muchos años, confió en ellos, no hubo contratación formal, mucho menos paga hasta lograr el primer contrato, se le exigió que reembolsaran los gastos incurridos en las presentaciones y ellos aceptaron, claro, como decía mi abuela, con la boca es un mamey.

Con el poco dinero que recogimos de otro negocio que había hecho mi esposo compramos los pasajes y nos fuimos, one-way-ticket to Orlando con la idea de nunca volver. Era demasiado doloroso lo que dejamos en la isla, la muerte de mi padre, la pérdida de mi apartamento porque no pude pagar la hipoteca al banco al quedarme sin trabajo, me tocó cuidar a mi madre en sus últimos años de vida, traté de refrendarle todo lo que ella hizo por mí, no podía dejarla sola cuando más me necesitaba.

Son muchas las personas que se atreven a la aventura de irse a otro país buscando mejores oportunidades, unos planifican, van con el dinero necesario para establecerse, pero ese no era nuestro caso, necesitábamos recibir un salario, el que nunca llegó porque una vez llegamos, todo se volvió sal y agua.

Pero eso no fue lo peor, le pedimos a una persona amiga que nos recibiera en su casa por una semana y se extendió a siete semanas, pues no teníamos el dinero suficiente para alquilar un apartamento, tampoco trabajo y conseguirlo no fue fácil, en los Estados Unidos existe el discrimen por edad, a pesar de que la ley lo prohíbe. No todas las ofertas son sobre algún expertise que uno tenga y muchas veces la paga es por comisión.

Ya a la tercera semana comenzó el hostigamiento para que nos fuéramos, a pesar de que era supuestamente religiosa, se valió de las peores actitudes para hacernos sentir incómodos, no televisión, no internet, y se alumbran con velas, intentamos tratar de llevar la fiesta en paz, compramos lo que consumíamos y hasta le ofrecimos pero no lo aceptó, sólo quería que nos fuéramos. No quiso facilitarnos el conseguir un empleo, solicitamos ayuda de Food Stamps, cuando llegó la tarjeta la devolvió al correo porque no quería perjudicarse, pues ella recibía beneficios también.

Como quiera le agradezco que nos dio albergue en su casa, no todo el mundo lo hace, ni tan siquiera tu propia familia. Pero la realidad del caso es que después de todo, Dios es quien nos guía y las cosas pasan por un propósito y para que aprendamos que en el final de los tiempos, el amor de muchos se enfriará. Cuando yo tenía negocio y dinero ayudé a tanta gente con necesidad y ahora que necesito, la ayuda es escasa o inexistente.

Puedo decir que llegamos a Orlando con el pie izquierdo, fuimos engañados, estafados, y maltratados como jamás pensamos que nos iban a ir la cosas. A veces o la mayoría de las veces, tu propia gente son tus peores enemigos.

Puerto Rico recibe a empresarios de otros países, ellos logran enriquecerse a costillas de un pueblo que necesita y a la hora de refrendar su suerte a los que lo necesitan no les importa devolver el favor y los estafan. La persona amiga, fue mi empleada durante mucho tiempo y nunca se le negó su paga completa, se le pagó bien hasta que decidió renunciar, no se le despidió y a la hora de devolver el favor también se le olvidó que gracias a mí que le di trabajo, se pagó un carro para ir a la universidad. ¿Y me llama mal agradecida porque le dije la verdad?

Decidimos bajar en carro a Miami a buscar trabajo con los pocos fondos que nos quedaron, alquilamos un carro y nos quedamos en hoteles de $50 dólares diarios, lo más económico que se puede conseguir en esta ciudad. Otra vez pedimos la ayuda de conocidos y familiares para poder quedarnos en algún sitio y así poder ahorrar lo poco que teníamos, todos nos dijeron que no, no nos contestaron el teléfono.

Fuimos a una Mega Iglesia muy conocida en Puerto Rico, a pesar de que oraron por nosotros, tampoco nos pudieron dar albergue. En menos de una semana el dinero se agotó, buscamos ayuda del gobierno de la ciudad para un albergue donde pudiéramos dormir, tampoco apareció porque es un proceso de cuatro semanas y hay que llamar dos veces por semana. ¿Se imaginan?

El problema de los “homeless” es Miami es serio, en un estado donde llegan tantos inmigrantes latinoamericanos, para ellos sí hay ayuda, pero para la situación de nosotros no había ayuda posible. Los albergues no son muchos y la necesidad demasiada, no hay manera de resolver una situación como la nuestra que no fuera deambular por las calles.

Gracias a mi hija y su esposo, podemos volver a Puerto Rico, a lo mejor pudimos hacer las cosas diferentes, a lo mejor no, a lo mejor pudimos haber recibido un “empujoncito” de las personas y familiares a quienes clamamos por ayuda, pero no quisieron o no pudieron hacerlo. La falta de solidaridad de los puertorriqueños en Florida, al menos en lo que sucedió en esta experiencia, fue nula. Nos damos muchos golpes de pecho pintándonos como buenos samaritanos, pero la realidad es que no lo somos. Todo el mundo tiene una idea errónea de lo que esto significa.

Mi sueño americano, se convirtió en una pesadilla, a los que lo lograron, felicitaciones, pero hoy, yo no puedo decir lo mismo. Fue triste y lleno de ansiedades, pero es una historia que hay que contar para que nos cuestionemos quienes nos rodean, con que intención se nos acercan y si en un momento de necesidad puedes contar con ellos.

Porque el problema no son los Estados Unidos, el problema es la gente que vive en esa nación, que deben ser solidarios con las personas en necesidad, en estos día hasta hay un problema entre un alcalde que se opone a que un doctor le de comida a los deambulantes.

En una economía en precario quienes más se afectan son los pobres y necesitados de ayuda. Conocí en Orlando a una puertorriqueña que ha sido víctima de injusticias de parte su ex-esposo, a una viuda dominicana que tuvo que sobrevivir la muerte de su esposo y familiares la ayudaron.  ¿Por qué a la puertorriqueña le fue mal y a la otra señora dominicana le fue mejor? Porque tuvo la ayuda de sus allegados y familiares. También conocí a otro puertorriqueño que consiguió un buen trabajo dando mantenimiento a las máquinas que cobran los tickets del SunRail y está muy bien, otro que llegó con su propio dinero y tiene su buen trabajo. NINGUNO quiere regresar a pesar de sus luchas y del deseo de saborear la comida puertorriqueña.

Lo lamento decir, pero mi experiencia me llevó a entender muchas cosas y los puertorriqueños estamos muy lejos de conocer la palabra solidaridad. Clases de solidaridad nos pueden dar los cubanos que tuvieron que dejar su patria para comenzar una nueva vida en Miami, en Miami y en Puerto Rico muchos socialistas los llaman “mafia” y “gusanera”, aprendamos de una buena vez, que primero tenemos que levantar una isla y hacerla próspera, para evitar que nos pase lo mismo que le pasó a los cubanos. Regreso a Puerto Rico con el mal sabor de mi negativa experiencia, pero vendrán otras oportunidades, de eso no les quepa la menor duda.

¿Qué nos pasa Puerto Rico?
Que perdimos la capacidad 
de ser solidarios.
Such is Life!